Hoy es Lunes de barrio. Y hoy más que nunca con las manos atadas.

Este día nos hace irnos a las manos vivas de Dios. Nos las traen desde cualquier punto de la ciudad. Cautivas, amarradas. Sin oponer resistencia. Así es Dios. Sabe que su cautiverio es más ameno de lo que había imaginado. El barrio lo hace diferente. En cada mirada, cada gesto. En la oración de cada tarde antes de escuchar misa. San Pablo sabe muy bien cómo funciona esto. La mirada, el gesto, la oración. Pero hay algo diferente en el Tiro de Línea. Allí no se anda con los pies, se anda con el corazón. Por tantos sentimientos ahí guardados que van iendo a más por cada año que pasa. Bien sabe de cautivos la Virgen de las Mercedes. Redentora de los presos. En un quiero y no puedo, va la vida abierta de par en par como los brazos del Señor de la Redención. Aún así también es cautivo. Cautivo de nuestras culpas, de lamentos y plegarias. Él nos abre sus manos sabiendo que están cautivas. Mas si el dolor es amargo y cautivo, el tormento de Salud se llena. El Soberano está cautivo. No por Caifás, sino por su barrio. Por el Tardón, la Dársena y el de León. Por Triana.

Pero la tarde sigue. Cautivo de manos o en la cruz. Es indiferente. El destino es el mismo. Del Arenal a Baños pasando por la Plaza del Museo. Muerto y agonizando. Como si del cautiverio fuera a salir. Pero nunca le dejamos. Duele más aún si cabe, la eterna caída y el esfuerzo incondicional de la diestra soportando todo el peso de las culpas. Y si ya no se podía aguantar más el cautiverio, ¿qué es lo que nos da en San Andrés? La libertad en cuerpo y alma haciéndonos a nosotros cautivos y seguidores vivos de su muerte. Nada muere en Santa Marta, todo vive en los corazones.

Fotografía: Víctor M. Cascales Vallejo / @victorm_cv

Hoy es Lunes de barrio

Hoy es Lunes de barrio. Y hoy más que nunca con las manos atadas.

Este día nos hace irnos a las manos vivas de Dios. Nos las traen desde cualquier punto de la ciudad. Cautivas, amarradas. Sin oponer resistencia. Así es Dios. Sabe que su cautiverio es más ameno de lo que había imaginado. El barrio lo hace diferente. En cada mirada, cada gesto. En la oración de cada tarde antes de escuchar misa. San Pablo sabe muy bien cómo funciona esto. La mirada, el gesto, la oración. Pero hay algo diferente en el Tiro de Línea. Allí no se anda con los pies, se anda con el corazón. Por tantos sentimientos ahí guardados que van iendo a más por cada año que pasa. Bien sabe de cautivos la Virgen de las Mercedes. Redentora de los presos. En un quiero y no puedo, va la vida abierta de par en par como los brazos del Señor de la Redención. Aún así también es cautivo. Cautivo de nuestras culpas, de lamentos y plegarias. Él nos abre sus manos sabiendo que están cautivas. Mas si el dolor es amargo y cautivo, el tormento de Salud se llena. El Soberano está cautivo. No por Caifás, sino por su barrio. Por el Tardón, la Dársena y el de León. Por Triana.

Pero la tarde sigue. Cautivo de manos o en la cruz. Es indiferente. El destino es el mismo. Del Arenal a Baños pasando por la Plaza del Museo. Muerto y agonizando. Como si del cautiverio fuera a salir. Pero nunca le dejamos. Duele más aún si cabe, la eterna caída y el esfuerzo incondicional de la diestra soportando todo el peso de las culpas. Y si ya no se podía aguantar más el cautiverio, ¿qué es lo que nos da en San Andrés? La libertad en cuerpo y alma haciéndonos a nosotros cautivos y seguidores vivos de su muerte. Nada muere en Santa Marta, todo vive en los corazones.

Fotografía: Víctor M. Cascales Vallejo / @victorm_cv