La Semana Santa de Sevilla no sería nada sin sus calles, rincones y plazas, céntricas o extramuros, donde la pasión cofrade se vive los 365 días del año. Hacemos un recorrido por esos lugares donde el aroma a incienso y azahar perdura en el impas de recordar y esperar una nueva privamera sevillana.


 DICE EL SABER POPULAR que en Sevilla hay dos tipos de personas: los que están todo el año esperando Semana Santa y los que la están esperando, pero para irse a la playa. Y es que la cultura cofrade en esta orilla del Guardalquivir se ha convertido en un fenómeno de masas, en un boom que está alcanzando dimensiones hasta ahora inexploradas. Desde el crecimiento de las hermandades, con números de nazarenos que ya superan los 1500 de media. hasta la repercusión de cada uno de sus actos en RRSS, donde las corporaciones, anteriormente muy conservadores y reticentes a las novedades, ahora explotan sus propios límites en perfiles oficiales en redes de todo tipo. Así como toda clase de merchandising que los nazarenos repartirán en estación de penitencia o que sirven de regalo improvisado para cualquier día especial. Por otro lado, el crecimiento de la Semana Santa ha generado una opinión pública que ha llegado a crear un nuevo género periodistico: el cofrade, o morado, como así lo llaman algunos periodistas en relación al color sacramental que lucen algunas hermandades e imágenes. Esta repercusión ha sobrepasado las fronteras de las barras del bar o las tertulias improvisadas en los tiempos de espera entre paso y paso en plena calle, para crear un periodismo que hable sobre la actualidad de las cofradías durante todo el año y ha provocado que las hermandades sean seguidas de cerca, teniendo que adecuar su agenda y decisiones a los nuevos tiempos y las repercusiones que ahora tienen.
Pero lejos de esas nuevas modas siguen quedando cofrades que sobreviven en la espera y que disfrutan en la añoranza y el recuerdo de una Semana Santa pasada, dejandose llevar por la melancolía de los sentidos, de pasear por donde un día fueron felices y donde aun saborean aquellos momentos que quedarán en sus retinas, al mismo tiempo que de su boca sale un “¿Te acuerdas cuando vimos aquí San Benito? En ese mismo portal estába”, mientras de su mente llegan recuerdos con olor a incienso. Para esos románticos cofrades sigue siendo especial pasar por las calles, plazas y rincones de una ciudad que, una semana al año, florece para ellos y les brinda una primavera al más puro estilo sevillano. Hoy hacemos un recorrido por esos lugares en los que la Semana Santa brota y deja su aroma el resto del año. ¿Oido? Pues venga de frente.






 
La calle Feria
Sin duda, una de las calles que rezuma cofradías todo el año, así como un aroma a la Sevilla añeja pero que consigue perdurar con el paso del tiempo. Cofrade es la calle Feria, ya no solo porque en ella conviven como vecinas hasta cuatro hermandades, si no por las que además la usan en sus respectivos itinerarios de ida a la Catedral o regreso a casa. Habitual es contemplar a La Macarena en las primeras horas de la Madrugá llegar desde la Resolana, lugar en el que desemboca en la Ronda Histórica.Aunque la primera cofradía en discurrir por la calle Feria en la Semana Santa es La Hiniesta en la media tarde del Domingo de Ramos, con la AM María Magdalena de Arahal tras el Stmo Cristo de la Buena Muerte y sus sones clásicos, de sabor antiguo en busca de La Alameda. La calle Feria nace en la colación de San Juan de la Palma, sede de la Hdad de La Amargura, una de las cuatro hermandades que residen en esta calle, llamada Feria por los mercadillos que se celebraron y se celebran ahora cada jueves y desde el S.XII y que fuera el lugar donde artistas de la talla de Murillo dieran sus primeros pasos. Los Javieres es la segunda hermandad que hace estación de penitencia, en concreto el Martes Santo y desde la Parroquia de Omnium Sanctorum, edificada tras la reconquista de la ciudad aprovechándose una mezquita almohade y de estilo gótico-mudejar. Esta corporación de riguroso ruán negro comparte sede con una de las más jóvenes de la Semana Santa: El Carmen Doloros, fundada en 1982 por sevillanos que había estado destinados en San Fernando. Realiza estación de penitencia a la Catedral en la tarde del Miércoles Santo desde el 2007, pues antes lo hacía el Viernes de Dolores. La última hdad con sede en esta calle es la de Monte-Sión, fundada en 1560, saliendo en cofradía el Jueves Santo, donde la calle se ensancha en la Antigua Plaza de los Carros.

 La Plaza del Salvador
Lugar cofrade donde los haya, pues hasta 19 hdades pasan bajo la imponente fachada de la Iglesia Colegial durante la Semana Santa. Además, de ella salen tres cofradías: La Borriquita, El Amor y Pasión. Antiguamente llamada del Cementerio, fue, según algunos historiadores, zoco árabe en el S.XI y Foro Romano en la Hispalis imperial. Ahora, es foco de conflicto para las autoridades durante la Semana Santa. Su amplitud atrae a las masas, así como la sucesión de cofradías en días como el Lunes Santo, pues Santa Marta, Vera-Cruz y Las Penas transcurren por allí con una hora de diferencia. Es, por tanto, un auténtico de dolor para el CECOP, pues la evacuación de la plaza es complicada debido a la estrechez de las calles que desembocan en ella. Nuestro Padre Jesús de la
Pasión y el Stmo Cristo del Amor son dos de las grandes imágenes cristíferas de la Semana Santa sevillana, y las dos residen en el Salvador, en cuya plaza se encuentra una estatua de Juan De Mesa, genial autor de éste último y de cuyo encargo al imaginero cordobés se ha celebrado este año el IV centenario. Cofrade es, sin duda, la enorme rampa, o rampla, que se coloca en los días previos al Domingo de Ramos para que las cofradías puedan salvar la diferencia de altura entre la puerta principal y la calle.


La calle Francos
Si subimos desde el Salvador por la calle Villegas, más conocida por la Cuesta del Rosario, a la derecha encontraremos la bocacalle de Francos, llamada así no por referencia a los nacidos en el país vecino, si no por el privilegio otorgado por el rey Fernando III a los comerciantes de esta calle, estando exentos de pagar algunos impuestos, es decir, francos de tributos. Otra decena de cofradías transcurren por esta calle estrecha y extensa, de una cuesta a la otra, de la del Bacalao a la del Rosario. Esta calle tiene la particularidad de venir sufriendo desde 2017 restricciones de público, es decir, un aforo limitado cuando alguna cofradía va a pasar por ella. Se trata de una medida del Ayuntamiento para evitar las masificaciones en una zona complicada de la ciudad, por el número de cofradías que por allí transita y la mala costumbre de algunas personas de ocupar literalmente aceras, esquinas y escalones durante horas, dificultando el tráfico lógico del público. Sobre todo el días como el Domingo de Ramos, pues hasta seis de las nueve cofradías de la jornada pasan por esta calle. Su estrechez en algunas secciones hacen de un lugar idílico para ver cofradías, pero eso sí, sus vías de salida son limitadas, pese a ser bastantes las callejuelas que la cruzan. Tan habitual como curioso es que, cuando un paso de grandes dimensiones debe atravesar algunas de las estrecheces más agudas de la calle, sus respectivas bandas que la acompañan cesan de tocar o cambian la fuerza de los tambores
por la llamada “palillera”. De este modo, le reververación de la calle no impide a los costaleros escuchar las indicaciones de su capataz y contraguías, para que la dificultad sea salvable sin lamentar incidentes. Aunque no siempre es así, lo normal es cada año ocurran estos pequeños milagros imposibles.

La Cuesta del Bacalao
Al final de la calle Francos, o al principio según se mire, apareceremos en la Cuesta del Bacalao, uno de los pocos desniveles que tiene la ciudad de Sevilla, aunque no la busque en el callejero porque no viene. Se trata de la unión de la calle Conteros y Argote de Molina, que junto a Placentines crean un ensache en lo alto de la cuesta. Su nombre le viene por una tienda de ultramarinos (“El Brillante”) que se anunciaba con un gigantesco bacalao de madera. De ahí tomó su nombre popular, aunque ese símbolo se perdiera en 1976 debido al desahucio del establecimiento por la ruina del negocio. Un grupo de sevillanos lo recuperó en 2013 y fue respuesto en el lugar que hoy ocupa. Hasta treinta cofradías toman esta calle en su itinerario de regreso por la cercanía con la Catedral, aunque el año pasado, hermandades del Martes Santo como San Benito, San Esteban y Los Javieres la tomaron en su itinerario de ida debido a la prueba de realizar la Carrera Oficial en sentido contrario. Esa afluecia de cofradías provoca otra masiva de gente, pues en esta zona también se han llevado a cabo los citados aforamientos por la Policía Local. En jornadas como el Miércoles Santo es habitual que mucha gente plante su sillita plegable a los pies de la cuesta y espere el transitar sin descanso e hasta tres hermandades: El Cristo de Burgos, Las Siete Palabras y Los Panaderos. Son muchos los grandes pasos de misterio que hacen las delicias del respetable en esta calle, llamada también como la Carrera Oficial de los pobres, por ser la segunda zona más transitada por las cofradías después de la oficial. Es por eso que ha sido elegida durante muchos años para las retransmisiones en directo de las desaparecidas El Correo TV o Telesevilla. Gonzalo Argote de Molina fue un militar sevillano, pero también filólogo, historiador, anticuario y editor. En 1578 fue nombrado juez ejecutor de la Santa Hermandad de Sevilla.















La Calle Sierpes
Pero hablar de calles y Semana Santa no tendría sentido si no nos detenemos en la calle Sierpes. La calle sevillana por antonomasia, arteria principal de la ciudad y eje de la Carrera Oficial, Por esta calle pasan todas y cada una de las cofradías que hacen estación de penitencia a la Catedral y forma parte del entramado de sillas y abonos de sus espectadores. Esta calle forma parte de la Carrera Oficial desde 1777, cuando una Real Orden del Rey Carlos III constituyó la Saleta, un tribunal que se situaba en la confluencia de Sierpes con Cerrajería, y que por primera vez hacía cumplir unos horarios a las cofradías. No sería hasta 1907 cuando se introdujera La Campana como punto inicial. Sin embargo, todo apunta a que Sierpes como eje de la Carrera Oficial tiene los días contados, ya que son muchos los proyectos de reordenación que la dejan fuera por diversos motivos. Entre ellos, su estrechez y dificultad de evacuación en caso de emergencia (se sustituiría por la calle Tetuán, más amplia), y también son muchos los nazarenos que se han quejado de la angostura de la calle y el agobio que genera debido al público, las cofradías y las altas temperaturas cuando el calor ha apretado en Semana Santa.

La Calle Sierpes es de las pocas calles de la ciudad que se ha mantenido durante muchos siglos con ese nombre. Solo existe un precedente, el de Espaderos, debido a que allí vivían los que se encargaban de hacer estas armas. Lo de Sierpes le llegaría a finales del S.XVI y su nombre también ha dado pie a diversas leyendas. Se dice que en dicho siglo, muchos niños comenzaron a desaparecer en esta calle y el regente de Sevilla, Alfonso de Cárdenas, descubrió al culpable gracias a la ayuda de un reo escapado a cambio de su libertad: Melchor de Quintana y Argúeso. La sorpresa fue cuando el encargado de la desaparición de estos niños era una serpiente del tamaño de un basilisco a la que dieron muerte y colgaron en la calle Espaderos, por lo que el pueblo comenzó a llamarla “de la sierpe”. Otros apuntan a que su nombre le viene de la apariencia de la calle al citado reptil, por lo serpenteante de su línea recta desde la Campana hasta la Plaza de San Francisco. 



La Calle Cuna
Ni tiene forma de cuna ni la mece ninguna mano, aunque si tuvo fama en su época de ser una calle muy silenciosa. Algo que todavía puede notarse en nuestros tiempos de ruido y bullicio. Pero tampoco le viene el nombre por esta singularidad, si no por un hospital de niños expósitos establecido en 1558 y fundado por el Cabildo Catedralicio Hispalense. Arqueros tras la Reconquista; Carpinteros en el S.XIV y Federico de Castro en 1903, no sería hasta el 38 cuando recuperara el nombre de Cuna. Y aunque no es una calle eminentemente cofrade por no tener alguna sede canónica, es más, por tener no tiene ninguna iglesia ni capilla, la de Cuna es una calle que atraviesan otro sinfín de hdades, sobre todo las que regresan a sus templos en la zona norte de Sevilla, así como las que van buscando la Campana desde el Salvador o la zona de la Alfalfa. Es una calle que destaca más por su arquitecturacivil o nobiliaria, como los palacios de la Condesa de Lebrija y el de los Marqueses de la Motilla, que sirve además de esquina cuando la calle sale a la confluencia de Orfila, Laraña y la Plaza de Villasís. En esta zona fue donde ocurrieron los recordados sucesos en la noche del Miércoles Santo de 2013 entre las hdades de Los Panaderos y La Lanzada. Aquel día, un pequeño chaparrón sorprendió a la hdad panadera en La Campana por lo que decidió regresar a su cercano templo de la calle Orfila. Pero tal fue la parsimonia de su andar que obstaculizó el paso a la de La Lanzada, que regresaba a San Martín en su itinerario habitual por la calle Cuna. Esta cofradía quedó comprimida en su totalidad en esta calle, con el riesgo de que la lluvia volviera y sin poder avanzar. Algunos pitos y quejas se dejaron oir en la esquina al paso de la Virgen de Regla y hasta que la cofradía de La Lanzada pudo avanzar por fin.

El Postigo
Este rincón de la ciudad es otro de esos lugares que respira Semana Santa. Punto de conflicto también para las autoridades, pues se trata de un lugar de mucho tránsito peatonal durante los días de la Semana Santa, por lo que cruzarlo en los momentos previos al paso de una cofradía puede llegar a ser imposible por la cantidad de gente que espera durante horas. Por ello, se trata de otra de las zonas que ha sufrido los ya comentados aforamientos. Es lugar de paso de todas las cofradías que regresan a Triana, salvo La O. También por el Gran Poder en la Madrugá y otras cofradías que buscan su templo en la zona del Arenal tras salir de La Catedral, como Jesús Despojado, El Baratillo o Las Aguas. Precisamente la hdad de Las Aguas tiene el triste honor de ser protagonista de una de las histórias trágicas de la Semana Santa. Corría el Lunes Santo de 1999, cuando de regreso a la capilla del Dos de Mayo, a escasos metros del Postigo, un costalero del paso de cristo, Juan Carlos Montes Ruíz se desplomó justo cuando el paso acababa de atravesar la altura del arco y el capataz mandaba de frente. Cuentan sus compañeros de cuadrilla que regresaron al templo en silencio, llorando bajo las trabajaderas y sin música, pues todo se ponían en lo peor después de que la ambulancia se lo llevara y la cofradía tuviera que seguir su recorrido.

Un azulejo colocado justo en el lugar donde el paso tuvo que detenerse, lo recuerda. El Postigo es uno de los tres antiguos accesos a la ciudad que se conservan, junto al Arco de la Macarena y la Puerta de Córdoba. En este caso, se le llamó y llama Postigo del Aceite porque no era una puerta principal, si no la que se usaba para transportar desde la orilla del Guardalquivir los cargamentos de aceite, ya que en sus inmediaciones se encontraba el almacén y el mercado. El la época almohade fue conocido como bad al-Qatay (Puerta de barcos), ya que a su lado fueron construidas las Atarazanas. Esta puerta fue construida en 1107 y reformada en S.XVI. Más tarde, en el S.XVII se abrió a su costado derecho una capilla con un retablo barroco presidido por una Inmaculada Concepción, atribuida a Pedro Roldán. Pertenece el Postigo a la calle Almirantazgo, que nace en plena Avda de la Constitución, en el lateral del edifico de Correos y serpentea hasta llegar al arco, pasando por una de las entradas a la Plaza del Cabildo. y desembocando en la confluencia de Arfe y Dos de Mayo. Según cuentan en los mentideros de la ciudad, el Postigo sufre un desnivel con respecto al de la calle por el único mótivo de que el remate de la cruz de El Gran Poder golpearía en su dintel y no podría pasar por allí de regreso a San Lorenzo. No se trata de un arco muy elevado, por lo que los pasos de grandes dimensiones deben ser bajados, algo que gusta mucho al público amante del esfuerzo de los costaleros.

La Plaza de Molviedro
Se trata de esos enclaves mágicos, pertenecientes a otro tiempo, aunque mucho ha cambiado esta plaza con el paso de los siglos. Desde la Edad Media hasta el S.XIX fue conocida como Compás de la Laguna, debido a la laguna existente en este espacio desde el S.XVI y que servía de compás o acceso al barrio. Rotulada Molviedro en 1840 en homenaje al arquitecto Manuel Prudencio de Molviedro, quien, en el S.XVIII, remodelara por completo esta zona, antigua mancebía, es decir, zona de prostitución. En cuanto a la Semana Santa, en esta plaza tiene su sede la hdad de Jesús Despojado, en la capilla del Mayor Dolor. También discurren cofradías como Las Aguas, El Museo, La Quinta Angustia, El Gran Poder, El Calvario y Monserrat, que buscan en la sobriedad de la plaza y la noche un enclave hermoso, donde el silencio y la acústica ayudan a crear un ambiente de Semana Santa clásica, alejada de las masas y del bullicio. La hdad de Monserrat tiene como tradición que la banda del Maestro Tejera interprete la marcha Margot cuando la virgen comienza a entrar en el compás. Marcha cuyo nombre real es “Noche del Jueves al Viernes Santo”, compuesta en 1924 por Joaquín Turina para una ópera estrenada ese mismo año en el teatro de la Zarzuela.

REPORTAJE | Las calles de la Pasión

La Semana Santa de Sevilla no sería nada sin sus calles, rincones y plazas, céntricas o extramuros, donde la pasión cofrade se vive los 365 días del año. Hacemos un recorrido por esos lugares donde el aroma a incienso y azahar perdura en el impas de recordar y esperar una nueva privamera sevillana.


 DICE EL SABER POPULAR que en Sevilla hay dos tipos de personas: los que están todo el año esperando Semana Santa y los que la están esperando, pero para irse a la playa. Y es que la cultura cofrade en esta orilla del Guardalquivir se ha convertido en un fenómeno de masas, en un boom que está alcanzando dimensiones hasta ahora inexploradas. Desde el crecimiento de las hermandades, con números de nazarenos que ya superan los 1500 de media. hasta la repercusión de cada uno de sus actos en RRSS, donde las corporaciones, anteriormente muy conservadores y reticentes a las novedades, ahora explotan sus propios límites en perfiles oficiales en redes de todo tipo. Así como toda clase de merchandising que los nazarenos repartirán en estación de penitencia o que sirven de regalo improvisado para cualquier día especial. Por otro lado, el crecimiento de la Semana Santa ha generado una opinión pública que ha llegado a crear un nuevo género periodistico: el cofrade, o morado, como así lo llaman algunos periodistas en relación al color sacramental que lucen algunas hermandades e imágenes. Esta repercusión ha sobrepasado las fronteras de las barras del bar o las tertulias improvisadas en los tiempos de espera entre paso y paso en plena calle, para crear un periodismo que hable sobre la actualidad de las cofradías durante todo el año y ha provocado que las hermandades sean seguidas de cerca, teniendo que adecuar su agenda y decisiones a los nuevos tiempos y las repercusiones que ahora tienen.
Pero lejos de esas nuevas modas siguen quedando cofrades que sobreviven en la espera y que disfrutan en la añoranza y el recuerdo de una Semana Santa pasada, dejandose llevar por la melancolía de los sentidos, de pasear por donde un día fueron felices y donde aun saborean aquellos momentos que quedarán en sus retinas, al mismo tiempo que de su boca sale un “¿Te acuerdas cuando vimos aquí San Benito? En ese mismo portal estába”, mientras de su mente llegan recuerdos con olor a incienso. Para esos románticos cofrades sigue siendo especial pasar por las calles, plazas y rincones de una ciudad que, una semana al año, florece para ellos y les brinda una primavera al más puro estilo sevillano. Hoy hacemos un recorrido por esos lugares en los que la Semana Santa brota y deja su aroma el resto del año. ¿Oido? Pues venga de frente.






 
La calle Feria
Sin duda, una de las calles que rezuma cofradías todo el año, así como un aroma a la Sevilla añeja pero que consigue perdurar con el paso del tiempo. Cofrade es la calle Feria, ya no solo porque en ella conviven como vecinas hasta cuatro hermandades, si no por las que además la usan en sus respectivos itinerarios de ida a la Catedral o regreso a casa. Habitual es contemplar a La Macarena en las primeras horas de la Madrugá llegar desde la Resolana, lugar en el que desemboca en la Ronda Histórica.Aunque la primera cofradía en discurrir por la calle Feria en la Semana Santa es La Hiniesta en la media tarde del Domingo de Ramos, con la AM María Magdalena de Arahal tras el Stmo Cristo de la Buena Muerte y sus sones clásicos, de sabor antiguo en busca de La Alameda. La calle Feria nace en la colación de San Juan de la Palma, sede de la Hdad de La Amargura, una de las cuatro hermandades que residen en esta calle, llamada Feria por los mercadillos que se celebraron y se celebran ahora cada jueves y desde el S.XII y que fuera el lugar donde artistas de la talla de Murillo dieran sus primeros pasos. Los Javieres es la segunda hermandad que hace estación de penitencia, en concreto el Martes Santo y desde la Parroquia de Omnium Sanctorum, edificada tras la reconquista de la ciudad aprovechándose una mezquita almohade y de estilo gótico-mudejar. Esta corporación de riguroso ruán negro comparte sede con una de las más jóvenes de la Semana Santa: El Carmen Doloros, fundada en 1982 por sevillanos que había estado destinados en San Fernando. Realiza estación de penitencia a la Catedral en la tarde del Miércoles Santo desde el 2007, pues antes lo hacía el Viernes de Dolores. La última hdad con sede en esta calle es la de Monte-Sión, fundada en 1560, saliendo en cofradía el Jueves Santo, donde la calle se ensancha en la Antigua Plaza de los Carros.

 La Plaza del Salvador
Lugar cofrade donde los haya, pues hasta 19 hdades pasan bajo la imponente fachada de la Iglesia Colegial durante la Semana Santa. Además, de ella salen tres cofradías: La Borriquita, El Amor y Pasión. Antiguamente llamada del Cementerio, fue, según algunos historiadores, zoco árabe en el S.XI y Foro Romano en la Hispalis imperial. Ahora, es foco de conflicto para las autoridades durante la Semana Santa. Su amplitud atrae a las masas, así como la sucesión de cofradías en días como el Lunes Santo, pues Santa Marta, Vera-Cruz y Las Penas transcurren por allí con una hora de diferencia. Es, por tanto, un auténtico de dolor para el CECOP, pues la evacuación de la plaza es complicada debido a la estrechez de las calles que desembocan en ella. Nuestro Padre Jesús de la
Pasión y el Stmo Cristo del Amor son dos de las grandes imágenes cristíferas de la Semana Santa sevillana, y las dos residen en el Salvador, en cuya plaza se encuentra una estatua de Juan De Mesa, genial autor de éste último y de cuyo encargo al imaginero cordobés se ha celebrado este año el IV centenario. Cofrade es, sin duda, la enorme rampa, o rampla, que se coloca en los días previos al Domingo de Ramos para que las cofradías puedan salvar la diferencia de altura entre la puerta principal y la calle.


La calle Francos
Si subimos desde el Salvador por la calle Villegas, más conocida por la Cuesta del Rosario, a la derecha encontraremos la bocacalle de Francos, llamada así no por referencia a los nacidos en el país vecino, si no por el privilegio otorgado por el rey Fernando III a los comerciantes de esta calle, estando exentos de pagar algunos impuestos, es decir, francos de tributos. Otra decena de cofradías transcurren por esta calle estrecha y extensa, de una cuesta a la otra, de la del Bacalao a la del Rosario. Esta calle tiene la particularidad de venir sufriendo desde 2017 restricciones de público, es decir, un aforo limitado cuando alguna cofradía va a pasar por ella. Se trata de una medida del Ayuntamiento para evitar las masificaciones en una zona complicada de la ciudad, por el número de cofradías que por allí transita y la mala costumbre de algunas personas de ocupar literalmente aceras, esquinas y escalones durante horas, dificultando el tráfico lógico del público. Sobre todo el días como el Domingo de Ramos, pues hasta seis de las nueve cofradías de la jornada pasan por esta calle. Su estrechez en algunas secciones hacen de un lugar idílico para ver cofradías, pero eso sí, sus vías de salida son limitadas, pese a ser bastantes las callejuelas que la cruzan. Tan habitual como curioso es que, cuando un paso de grandes dimensiones debe atravesar algunas de las estrecheces más agudas de la calle, sus respectivas bandas que la acompañan cesan de tocar o cambian la fuerza de los tambores
por la llamada “palillera”. De este modo, le reververación de la calle no impide a los costaleros escuchar las indicaciones de su capataz y contraguías, para que la dificultad sea salvable sin lamentar incidentes. Aunque no siempre es así, lo normal es cada año ocurran estos pequeños milagros imposibles.

La Cuesta del Bacalao
Al final de la calle Francos, o al principio según se mire, apareceremos en la Cuesta del Bacalao, uno de los pocos desniveles que tiene la ciudad de Sevilla, aunque no la busque en el callejero porque no viene. Se trata de la unión de la calle Conteros y Argote de Molina, que junto a Placentines crean un ensache en lo alto de la cuesta. Su nombre le viene por una tienda de ultramarinos (“El Brillante”) que se anunciaba con un gigantesco bacalao de madera. De ahí tomó su nombre popular, aunque ese símbolo se perdiera en 1976 debido al desahucio del establecimiento por la ruina del negocio. Un grupo de sevillanos lo recuperó en 2013 y fue respuesto en el lugar que hoy ocupa. Hasta treinta cofradías toman esta calle en su itinerario de regreso por la cercanía con la Catedral, aunque el año pasado, hermandades del Martes Santo como San Benito, San Esteban y Los Javieres la tomaron en su itinerario de ida debido a la prueba de realizar la Carrera Oficial en sentido contrario. Esa afluecia de cofradías provoca otra masiva de gente, pues en esta zona también se han llevado a cabo los citados aforamientos por la Policía Local. En jornadas como el Miércoles Santo es habitual que mucha gente plante su sillita plegable a los pies de la cuesta y espere el transitar sin descanso e hasta tres hermandades: El Cristo de Burgos, Las Siete Palabras y Los Panaderos. Son muchos los grandes pasos de misterio que hacen las delicias del respetable en esta calle, llamada también como la Carrera Oficial de los pobres, por ser la segunda zona más transitada por las cofradías después de la oficial. Es por eso que ha sido elegida durante muchos años para las retransmisiones en directo de las desaparecidas El Correo TV o Telesevilla. Gonzalo Argote de Molina fue un militar sevillano, pero también filólogo, historiador, anticuario y editor. En 1578 fue nombrado juez ejecutor de la Santa Hermandad de Sevilla.















La Calle Sierpes
Pero hablar de calles y Semana Santa no tendría sentido si no nos detenemos en la calle Sierpes. La calle sevillana por antonomasia, arteria principal de la ciudad y eje de la Carrera Oficial, Por esta calle pasan todas y cada una de las cofradías que hacen estación de penitencia a la Catedral y forma parte del entramado de sillas y abonos de sus espectadores. Esta calle forma parte de la Carrera Oficial desde 1777, cuando una Real Orden del Rey Carlos III constituyó la Saleta, un tribunal que se situaba en la confluencia de Sierpes con Cerrajería, y que por primera vez hacía cumplir unos horarios a las cofradías. No sería hasta 1907 cuando se introdujera La Campana como punto inicial. Sin embargo, todo apunta a que Sierpes como eje de la Carrera Oficial tiene los días contados, ya que son muchos los proyectos de reordenación que la dejan fuera por diversos motivos. Entre ellos, su estrechez y dificultad de evacuación en caso de emergencia (se sustituiría por la calle Tetuán, más amplia), y también son muchos los nazarenos que se han quejado de la angostura de la calle y el agobio que genera debido al público, las cofradías y las altas temperaturas cuando el calor ha apretado en Semana Santa.

La Calle Sierpes es de las pocas calles de la ciudad que se ha mantenido durante muchos siglos con ese nombre. Solo existe un precedente, el de Espaderos, debido a que allí vivían los que se encargaban de hacer estas armas. Lo de Sierpes le llegaría a finales del S.XVI y su nombre también ha dado pie a diversas leyendas. Se dice que en dicho siglo, muchos niños comenzaron a desaparecer en esta calle y el regente de Sevilla, Alfonso de Cárdenas, descubrió al culpable gracias a la ayuda de un reo escapado a cambio de su libertad: Melchor de Quintana y Argúeso. La sorpresa fue cuando el encargado de la desaparición de estos niños era una serpiente del tamaño de un basilisco a la que dieron muerte y colgaron en la calle Espaderos, por lo que el pueblo comenzó a llamarla “de la sierpe”. Otros apuntan a que su nombre le viene de la apariencia de la calle al citado reptil, por lo serpenteante de su línea recta desde la Campana hasta la Plaza de San Francisco. 



La Calle Cuna
Ni tiene forma de cuna ni la mece ninguna mano, aunque si tuvo fama en su época de ser una calle muy silenciosa. Algo que todavía puede notarse en nuestros tiempos de ruido y bullicio. Pero tampoco le viene el nombre por esta singularidad, si no por un hospital de niños expósitos establecido en 1558 y fundado por el Cabildo Catedralicio Hispalense. Arqueros tras la Reconquista; Carpinteros en el S.XIV y Federico de Castro en 1903, no sería hasta el 38 cuando recuperara el nombre de Cuna. Y aunque no es una calle eminentemente cofrade por no tener alguna sede canónica, es más, por tener no tiene ninguna iglesia ni capilla, la de Cuna es una calle que atraviesan otro sinfín de hdades, sobre todo las que regresan a sus templos en la zona norte de Sevilla, así como las que van buscando la Campana desde el Salvador o la zona de la Alfalfa. Es una calle que destaca más por su arquitecturacivil o nobiliaria, como los palacios de la Condesa de Lebrija y el de los Marqueses de la Motilla, que sirve además de esquina cuando la calle sale a la confluencia de Orfila, Laraña y la Plaza de Villasís. En esta zona fue donde ocurrieron los recordados sucesos en la noche del Miércoles Santo de 2013 entre las hdades de Los Panaderos y La Lanzada. Aquel día, un pequeño chaparrón sorprendió a la hdad panadera en La Campana por lo que decidió regresar a su cercano templo de la calle Orfila. Pero tal fue la parsimonia de su andar que obstaculizó el paso a la de La Lanzada, que regresaba a San Martín en su itinerario habitual por la calle Cuna. Esta cofradía quedó comprimida en su totalidad en esta calle, con el riesgo de que la lluvia volviera y sin poder avanzar. Algunos pitos y quejas se dejaron oir en la esquina al paso de la Virgen de Regla y hasta que la cofradía de La Lanzada pudo avanzar por fin.

El Postigo
Este rincón de la ciudad es otro de esos lugares que respira Semana Santa. Punto de conflicto también para las autoridades, pues se trata de un lugar de mucho tránsito peatonal durante los días de la Semana Santa, por lo que cruzarlo en los momentos previos al paso de una cofradía puede llegar a ser imposible por la cantidad de gente que espera durante horas. Por ello, se trata de otra de las zonas que ha sufrido los ya comentados aforamientos. Es lugar de paso de todas las cofradías que regresan a Triana, salvo La O. También por el Gran Poder en la Madrugá y otras cofradías que buscan su templo en la zona del Arenal tras salir de La Catedral, como Jesús Despojado, El Baratillo o Las Aguas. Precisamente la hdad de Las Aguas tiene el triste honor de ser protagonista de una de las histórias trágicas de la Semana Santa. Corría el Lunes Santo de 1999, cuando de regreso a la capilla del Dos de Mayo, a escasos metros del Postigo, un costalero del paso de cristo, Juan Carlos Montes Ruíz se desplomó justo cuando el paso acababa de atravesar la altura del arco y el capataz mandaba de frente. Cuentan sus compañeros de cuadrilla que regresaron al templo en silencio, llorando bajo las trabajaderas y sin música, pues todo se ponían en lo peor después de que la ambulancia se lo llevara y la cofradía tuviera que seguir su recorrido.

Un azulejo colocado justo en el lugar donde el paso tuvo que detenerse, lo recuerda. El Postigo es uno de los tres antiguos accesos a la ciudad que se conservan, junto al Arco de la Macarena y la Puerta de Córdoba. En este caso, se le llamó y llama Postigo del Aceite porque no era una puerta principal, si no la que se usaba para transportar desde la orilla del Guardalquivir los cargamentos de aceite, ya que en sus inmediaciones se encontraba el almacén y el mercado. El la época almohade fue conocido como bad al-Qatay (Puerta de barcos), ya que a su lado fueron construidas las Atarazanas. Esta puerta fue construida en 1107 y reformada en S.XVI. Más tarde, en el S.XVII se abrió a su costado derecho una capilla con un retablo barroco presidido por una Inmaculada Concepción, atribuida a Pedro Roldán. Pertenece el Postigo a la calle Almirantazgo, que nace en plena Avda de la Constitución, en el lateral del edifico de Correos y serpentea hasta llegar al arco, pasando por una de las entradas a la Plaza del Cabildo. y desembocando en la confluencia de Arfe y Dos de Mayo. Según cuentan en los mentideros de la ciudad, el Postigo sufre un desnivel con respecto al de la calle por el único mótivo de que el remate de la cruz de El Gran Poder golpearía en su dintel y no podría pasar por allí de regreso a San Lorenzo. No se trata de un arco muy elevado, por lo que los pasos de grandes dimensiones deben ser bajados, algo que gusta mucho al público amante del esfuerzo de los costaleros.

La Plaza de Molviedro
Se trata de esos enclaves mágicos, pertenecientes a otro tiempo, aunque mucho ha cambiado esta plaza con el paso de los siglos. Desde la Edad Media hasta el S.XIX fue conocida como Compás de la Laguna, debido a la laguna existente en este espacio desde el S.XVI y que servía de compás o acceso al barrio. Rotulada Molviedro en 1840 en homenaje al arquitecto Manuel Prudencio de Molviedro, quien, en el S.XVIII, remodelara por completo esta zona, antigua mancebía, es decir, zona de prostitución. En cuanto a la Semana Santa, en esta plaza tiene su sede la hdad de Jesús Despojado, en la capilla del Mayor Dolor. También discurren cofradías como Las Aguas, El Museo, La Quinta Angustia, El Gran Poder, El Calvario y Monserrat, que buscan en la sobriedad de la plaza y la noche un enclave hermoso, donde el silencio y la acústica ayudan a crear un ambiente de Semana Santa clásica, alejada de las masas y del bullicio. La hdad de Monserrat tiene como tradición que la banda del Maestro Tejera interprete la marcha Margot cuando la virgen comienza a entrar en el compás. Marcha cuyo nombre real es “Noche del Jueves al Viernes Santo”, compuesta en 1924 por Joaquín Turina para una ópera estrenada ese mismo año en el teatro de la Zarzuela.