Cincuenta años no son nada y la Hdad de La Sed celebró por todo lo alto cuan efeméride llenando las calles de Nervión. Eres las siete a las siete de la tarde cuando las puertas de la Iglesia de la Concepción se abrieron y dieron lógica a las miles de personas ya congregadas desde horas antes en las inmediaciones de la Gran Plaza y Eduardo Dato. Quedaba al menos una hora para que la comitiva llegara al Hospital de San Juan de Dios y ya había quienes esperaban en las puertas. Y es que el numeroso público que se repartía por Nervión protagonizaba la efeméride, casi dejando de lado la celebración y a la imagen que a la calle salía. Podría aprovecharse el "Requiem" que sonó en la salida en honor de Luis Álvarez Duarte, cuyas gúbias descansaban a los pies del señor, su señor, el que tallara a finales de los años 70 y que ayer derramó su sed por su barrio para amortajar a una Semana Santa que se nos va de las manos y de la que hemos desaprendido a vivir. Y es que ayer volvieron a verse esas imágenes que a los cofrades de toda la vida les duelen como si en sus propias carnes las sufrieran.

El público que acude a la Semana Santa y a sus derivados actos extraordinarios cada vez busca más a la banda en general y a las marchas interpretadas en concreto y anoche con la banda de ccytt del Rosario de Cádiz no fue menos. La novelería que inunda a esta ciudad día a día también se ve en los actos cofrades y la moda de la banda gaditana arrastra a un público que el Miércoles Santo no acude a donde ayer sí, sino que está más repartido por toda la ciudad como es lógico. El postereo al que por desgracia nos venimos acostumbrando eclipsó al Cristo de La Sed y a su elegante discurrir por la calle, mandando al olvido a tal efeméride y dejando con la boca abierta a muchos de los viejos hermanos y vecinos de la feligresía, que salían de la bulla a la voz de "vamos, ni el Miércoles Santo hay tanta gente". A los cangrejeros que iban delante de un paso que en la citada jornada de la semana grande va solo por Eduardo Dato hay que sumarle los que van delante y detrás de las bandas, en el caso de ayer, de Rosario de Cádiz, celebrando marchas a voz en grito, jaleando en los primeros acordes como si de un partido de fútbol se tratase. Un espectáculo bochornoso. Hiriente. Medio siglo ha pasado desde que una hermandad naciera en la colación de Nervión y como ha cambiado todo. Por aquellos entonces era silencio, hoy es lo sinfónico de las numerosas bandas que acompañan a las imágenes y que acaparan más protagonismo que las imágenes. Atrás quedan esas fotografías antiguas del Cristo de la Sed sobre el paso de caoba y achones por este de más grandes dimensiones y dorado, reflejando el sol que caía sobre el secarral de Eduardo Dato y que traspasaba su sed a todos los que allí estaban. Los más viejos del lugar lloraban al recordar a esos nazarenos sin capirote saliendo a la calle en un Viernes de Dolores muy distinto a los que ahora vivimos, donde nadie ve, solo miran a través de las pantallas de los teléfonos móviles que colapsas la vista y que guardan todo para la posteridad, como si la posteridad tuviera sitio para tanto video.

El Cristo de la Sed pasó del antiguo Sanatorio del Gran Poder - hoy Hospital de San Juan de Dios - a la antigua cárcel provincial, como antaño, como hace ahora medio siglo desde que unos jóvenes deseosos de vida de hermandad en el nuevo y, por entonces, alejado barrio de Nervión, fundaran una familia que ya va por más de 4.000 hermanos. La hermandad supo llevar con elegancia y saber estar las ganas que había de disfrutar en la calle después de un pasado Miércoles Santo de prisas y amenazas, y aunque la entrada acabara siendo cerca de las dos de la madrugada, se permite por tal efemérido y bajo el deseo de que cumpla otros cincuenta años más como mínimo.

Bullas de sed y requiem por una gubia huérfana

Cincuenta años no son nada y la Hdad de La Sed celebró por todo lo alto cuan efeméride llenando las calles de Nervión. Eres las siete a las siete de la tarde cuando las puertas de la Iglesia de la Concepción se abrieron y dieron lógica a las miles de personas ya congregadas desde horas antes en las inmediaciones de la Gran Plaza y Eduardo Dato. Quedaba al menos una hora para que la comitiva llegara al Hospital de San Juan de Dios y ya había quienes esperaban en las puertas. Y es que el numeroso público que se repartía por Nervión protagonizaba la efeméride, casi dejando de lado la celebración y a la imagen que a la calle salía. Podría aprovecharse el "Requiem" que sonó en la salida en honor de Luis Álvarez Duarte, cuyas gúbias descansaban a los pies del señor, su señor, el que tallara a finales de los años 70 y que ayer derramó su sed por su barrio para amortajar a una Semana Santa que se nos va de las manos y de la que hemos desaprendido a vivir. Y es que ayer volvieron a verse esas imágenes que a los cofrades de toda la vida les duelen como si en sus propias carnes las sufrieran.

El público que acude a la Semana Santa y a sus derivados actos extraordinarios cada vez busca más a la banda en general y a las marchas interpretadas en concreto y anoche con la banda de ccytt del Rosario de Cádiz no fue menos. La novelería que inunda a esta ciudad día a día también se ve en los actos cofrades y la moda de la banda gaditana arrastra a un público que el Miércoles Santo no acude a donde ayer sí, sino que está más repartido por toda la ciudad como es lógico. El postereo al que por desgracia nos venimos acostumbrando eclipsó al Cristo de La Sed y a su elegante discurrir por la calle, mandando al olvido a tal efeméride y dejando con la boca abierta a muchos de los viejos hermanos y vecinos de la feligresía, que salían de la bulla a la voz de "vamos, ni el Miércoles Santo hay tanta gente". A los cangrejeros que iban delante de un paso que en la citada jornada de la semana grande va solo por Eduardo Dato hay que sumarle los que van delante y detrás de las bandas, en el caso de ayer, de Rosario de Cádiz, celebrando marchas a voz en grito, jaleando en los primeros acordes como si de un partido de fútbol se tratase. Un espectáculo bochornoso. Hiriente. Medio siglo ha pasado desde que una hermandad naciera en la colación de Nervión y como ha cambiado todo. Por aquellos entonces era silencio, hoy es lo sinfónico de las numerosas bandas que acompañan a las imágenes y que acaparan más protagonismo que las imágenes. Atrás quedan esas fotografías antiguas del Cristo de la Sed sobre el paso de caoba y achones por este de más grandes dimensiones y dorado, reflejando el sol que caía sobre el secarral de Eduardo Dato y que traspasaba su sed a todos los que allí estaban. Los más viejos del lugar lloraban al recordar a esos nazarenos sin capirote saliendo a la calle en un Viernes de Dolores muy distinto a los que ahora vivimos, donde nadie ve, solo miran a través de las pantallas de los teléfonos móviles que colapsas la vista y que guardan todo para la posteridad, como si la posteridad tuviera sitio para tanto video.

El Cristo de la Sed pasó del antiguo Sanatorio del Gran Poder - hoy Hospital de San Juan de Dios - a la antigua cárcel provincial, como antaño, como hace ahora medio siglo desde que unos jóvenes deseosos de vida de hermandad en el nuevo y, por entonces, alejado barrio de Nervión, fundaran una familia que ya va por más de 4.000 hermanos. La hermandad supo llevar con elegancia y saber estar las ganas que había de disfrutar en la calle después de un pasado Miércoles Santo de prisas y amenazas, y aunque la entrada acabara siendo cerca de las dos de la madrugada, se permite por tal efemérido y bajo el deseo de que cumpla otros cincuenta años más como mínimo.