5287 días. Estos han sido todos y cada uno de los días que la Parroquia de Santa Catalina ha permanecido cerrada al culto, encontrándose durante ese tiempo las corporaciones de dicha sede canónica en San Román. Poniendo en la jornada del sábado fin a su exilio.

La primera en ratificar el regreso fue durante la mañana la Hermandad letífica de la Virgen del Carmen y del Rosario; siendo ésta última Patrona de la feligresía. Tristemente, la junta de gobierno de la corporación decidió apenas meses antes realizarlo de manera privada encontrándose ya entronizadas en sus altares a la llegada de las restantes Hermandades de la Parroquia.

Entorno a las 17h, se abrían las puertas de San Román para el traslado de Santa Lucía. La corporación hagiográfica quiso para la ocasión que la Santa fuera portada en las andas de la Hermandad de San Roque, que presuroso recorría las calles de la feligresía por la lluvia débil que caía en esos momentos. Antes de llegar a Santa Catalina, se realizó una visita a la Hermandad de la Mortaja tan cercana a Santa Catalina. Antes de las 18h, la magnífica talla de Santa Lucía, virgen y mártir entraba en su sede canónica colocándose frente a su altar. 

Ya solo quedaba la Hermandad de la Exaltación, más de 500 hermanos participarían del traslado congregándose por última vez en la Parroquia de San Román. Llegado el momento de salir, la junta de gobierno decidió esperar unos minutos a que pasara el frente que dejaba lluvia en Sevilla, saliendo entorno a las 18:35h. 

El imponente Cristo de la Exaltación se alzaba en las andas cedidas por la Hermandad del Museo, sin duda un acierto pues hacía ver a la imagen del Señor más impresionante alzándose entre la multitud de público que se aglutinó para ver el regreso. Todo estaba medido y las calles decoradas por el Grupo Joven de la corporación. Pese a la leve llovizna, la Hermandad continuo su paso, acompañada del trio musical de Banda Municipal de Arahal, que acompaña cada año al paso de palio, una coral polifónica y la escolanía de María Auxiliadora. 

La Virgen de las Lágrimas, la azucena de Santa Catalina iba bellísima luciendo el manto verde cedido por la Esperanza de Triana, al igual que la misma cedió las andas de grandes dimensiones y la toca de sobremanto de María Santísima del Amor de Pino Montano. En los candeleros el lema "Lágrimas de Vida" por los donantes de órganos y las iniciales de todos los fallecidos de la corporación en estos más 14 años fuera de Santa Catalina. En la calle Gerona, recibió una petalá la Virgen de las Lágrimas ofrecida por unos devotos. 

En Santa Catalina todo era luz, atrás quedaban la amargos momentos de la ida y el exilio con la llegada de las corporaciones que le dan vida por ello a la entrada de los titulares, un fuerte aplauso de los asistentes hizo, cual grito de justicia y de alegría de toda Sevilla que se conmovía por la reapertura de uno de sus grandes templos. 

Se cierra así de una forma más que notable una hoja de la gran historia de la Parroquia de Santa Catalina y se abre otra la del reencuentro y las vivencias que quedan por vivir dentro de esos muros.

Fin al exilio de las Hermandades de Santa Catalina


5287 días. Estos han sido todos y cada uno de los días que la Parroquia de Santa Catalina ha permanecido cerrada al culto, encontrándose durante ese tiempo las corporaciones de dicha sede canónica en San Román. Poniendo en la jornada del sábado fin a su exilio.

La primera en ratificar el regreso fue durante la mañana la Hermandad letífica de la Virgen del Carmen y del Rosario; siendo ésta última Patrona de la feligresía. Tristemente, la junta de gobierno de la corporación decidió apenas meses antes realizarlo de manera privada encontrándose ya entronizadas en sus altares a la llegada de las restantes Hermandades de la Parroquia.

Entorno a las 17h, se abrían las puertas de San Román para el traslado de Santa Lucía. La corporación hagiográfica quiso para la ocasión que la Santa fuera portada en las andas de la Hermandad de San Roque, que presuroso recorría las calles de la feligresía por la lluvia débil que caía en esos momentos. Antes de llegar a Santa Catalina, se realizó una visita a la Hermandad de la Mortaja tan cercana a Santa Catalina. Antes de las 18h, la magnífica talla de Santa Lucía, virgen y mártir entraba en su sede canónica colocándose frente a su altar. 

Ya solo quedaba la Hermandad de la Exaltación, más de 500 hermanos participarían del traslado congregándose por última vez en la Parroquia de San Román. Llegado el momento de salir, la junta de gobierno decidió esperar unos minutos a que pasara el frente que dejaba lluvia en Sevilla, saliendo entorno a las 18:35h. 

El imponente Cristo de la Exaltación se alzaba en las andas cedidas por la Hermandad del Museo, sin duda un acierto pues hacía ver a la imagen del Señor más impresionante alzándose entre la multitud de público que se aglutinó para ver el regreso. Todo estaba medido y las calles decoradas por el Grupo Joven de la corporación. Pese a la leve llovizna, la Hermandad continuo su paso, acompañada del trio musical de Banda Municipal de Arahal, que acompaña cada año al paso de palio, una coral polifónica y la escolanía de María Auxiliadora. 

La Virgen de las Lágrimas, la azucena de Santa Catalina iba bellísima luciendo el manto verde cedido por la Esperanza de Triana, al igual que la misma cedió las andas de grandes dimensiones y la toca de sobremanto de María Santísima del Amor de Pino Montano. En los candeleros el lema "Lágrimas de Vida" por los donantes de órganos y las iniciales de todos los fallecidos de la corporación en estos más 14 años fuera de Santa Catalina. En la calle Gerona, recibió una petalá la Virgen de las Lágrimas ofrecida por unos devotos. 

En Santa Catalina todo era luz, atrás quedaban la amargos momentos de la ida y el exilio con la llegada de las corporaciones que le dan vida por ello a la entrada de los titulares, un fuerte aplauso de los asistentes hizo, cual grito de justicia y de alegría de toda Sevilla que se conmovía por la reapertura de uno de sus grandes templos. 

Se cierra así de una forma más que notable una hoja de la gran historia de la Parroquia de Santa Catalina y se abre otra la del reencuentro y las vivencias que quedan por vivir dentro de esos muros.