Así fue una Semana Santa con un tiempo totalmente primaveral en las que todas las Hermandades que realizaban estación de penitencia a la Catedral pudieron completarlas, menos la Hermandad de los Gitanos la cual vio frustrada su estación refugiándose en el templo de la Anunciación.

La Semana Mayor hispalense comenzaba el Viernes de Dolores, un día totalmente incierto, incertidumbre que se reflejó en las decisiones de las Hermandades. Si bien es cierto que se preveía una mejoría a lo largo de la tarde-noche, solo una Hermandad, la del Dulce Nombre del barrio Bellavista decidió salir acortando su recorrido.

La víspera se agotaba el Sábado de Pasión, día sin apenas probabilidad de lluvia pero con frío en las entradas más tardías como las de Torreblanca y Padre Pío augurando el cielo, nubarrones para el Domingo de Ramos.

La Paz decidía retrasar su salida, así lo hizo aproximadamente una hora por mor de la lluvia que no cesaba hasta apenas 10 minutos antes de su salida, las 14h. Ese chispeo que apretaba, una débil lluvia, también hizo que otras Hermandades como la Hiniesta y Jesús Despojado retrasaran su salida. La Paz tuvo la clave de ese Domingo de Ramos con su salida, a partir de entonces volvió la estabilidad a los cielos de Sevilla. 

El Lunes, Martes y Miércoles Santo reinó los cielos azules sin ninguna probabilidad de lluvia, incluso hizo calor, en las salidas de Hermandades como la Redención, San Benito o San Bernardo.

La tarde del Jueves Santo, como bien dice ese dicho tan sevillano relució más que el sol, más bien cuando caía la tarde, hizo frío y viento anunciando una Madrugá de bajas temperaturas en las que dejó algo de precipitaciones. Entorno a las 5:30 de la mañana, cuando el Señor del Gran Poder volvía por la calle San Vicente, caía esa leve llovizna que provocaba apresurar su paso hacia la Basílica. Todo lo contrario ocurrió en las otras Hermandades, las cuales seguían su caminar pero el aviso de la AEMET y de lluvia por el Aljarafe hizo que la corporación de los Gitanos rompiera su itinerario y se refugiara en la Anunciación, algo parecido hizo la Esperanza de Triana, su Cristo ya había salido de la Catedral pero volvió sobre sus pies a la S.I.Catedral.

La mañana del Viernes Santo parecía que nos iba a dar algún sobresalto, pero se pudo vivir con total normalidad la entrada de la Macarena así como el regreso de los Gitanos desde la Anunciación y de la Esperanza de Triana, esta última recortando el recorrido entrando a Pureza desde el Altozano.

El Cachorro pedía tiempo, con el permiso de la Hermandad de la O, cofradía la cual hizo un esfuerzo enorme por cumplir sus horarios en una jornada que hasta bien entrada la noche no hizo presencia la lluvia. Las corporaciones trianeras apresuraban sus entradas, pese a ello la lluvia sorprendió a estas Hermandades a la vuelta al igual que a San Isidoro, muy cercana a su templo. La Mortaja y Montserrat se refugiaron en el Catedral a la espera de la mejoría del tiempo. Las cuales pudieron volver a sus respectivos templos pasada la medianoche.

El Sábado Santo y el Domingo de Resurrección lució el sol, eso sí el sábado con algo de fresco a las entradas de la Soledad y de la Trinidad.

Este fue la crónica de una Semana Santa marcada por lo que dictaba el cielo, pasado del paraguas al abanico y del abanico al chaquetón.

Fotografía: @victorm_cv

Del paraguas al abanico, del abanico al chaquetón


Así fue una Semana Santa con un tiempo totalmente primaveral en las que todas las Hermandades que realizaban estación de penitencia a la Catedral pudieron completarlas, menos la Hermandad de los Gitanos la cual vio frustrada su estación refugiándose en el templo de la Anunciación.

La Semana Mayor hispalense comenzaba el Viernes de Dolores, un día totalmente incierto, incertidumbre que se reflejó en las decisiones de las Hermandades. Si bien es cierto que se preveía una mejoría a lo largo de la tarde-noche, solo una Hermandad, la del Dulce Nombre del barrio Bellavista decidió salir acortando su recorrido.

La víspera se agotaba el Sábado de Pasión, día sin apenas probabilidad de lluvia pero con frío en las entradas más tardías como las de Torreblanca y Padre Pío augurando el cielo, nubarrones para el Domingo de Ramos.

La Paz decidía retrasar su salida, así lo hizo aproximadamente una hora por mor de la lluvia que no cesaba hasta apenas 10 minutos antes de su salida, las 14h. Ese chispeo que apretaba, una débil lluvia, también hizo que otras Hermandades como la Hiniesta y Jesús Despojado retrasaran su salida. La Paz tuvo la clave de ese Domingo de Ramos con su salida, a partir de entonces volvió la estabilidad a los cielos de Sevilla. 

El Lunes, Martes y Miércoles Santo reinó los cielos azules sin ninguna probabilidad de lluvia, incluso hizo calor, en las salidas de Hermandades como la Redención, San Benito o San Bernardo.

La tarde del Jueves Santo, como bien dice ese dicho tan sevillano relució más que el sol, más bien cuando caía la tarde, hizo frío y viento anunciando una Madrugá de bajas temperaturas en las que dejó algo de precipitaciones. Entorno a las 5:30 de la mañana, cuando el Señor del Gran Poder volvía por la calle San Vicente, caía esa leve llovizna que provocaba apresurar su paso hacia la Basílica. Todo lo contrario ocurrió en las otras Hermandades, las cuales seguían su caminar pero el aviso de la AEMET y de lluvia por el Aljarafe hizo que la corporación de los Gitanos rompiera su itinerario y se refugiara en la Anunciación, algo parecido hizo la Esperanza de Triana, su Cristo ya había salido de la Catedral pero volvió sobre sus pies a la S.I.Catedral.

La mañana del Viernes Santo parecía que nos iba a dar algún sobresalto, pero se pudo vivir con total normalidad la entrada de la Macarena así como el regreso de los Gitanos desde la Anunciación y de la Esperanza de Triana, esta última recortando el recorrido entrando a Pureza desde el Altozano.

El Cachorro pedía tiempo, con el permiso de la Hermandad de la O, cofradía la cual hizo un esfuerzo enorme por cumplir sus horarios en una jornada que hasta bien entrada la noche no hizo presencia la lluvia. Las corporaciones trianeras apresuraban sus entradas, pese a ello la lluvia sorprendió a estas Hermandades a la vuelta al igual que a San Isidoro, muy cercana a su templo. La Mortaja y Montserrat se refugiaron en el Catedral a la espera de la mejoría del tiempo. Las cuales pudieron volver a sus respectivos templos pasada la medianoche.

El Sábado Santo y el Domingo de Resurrección lució el sol, eso sí el sábado con algo de fresco a las entradas de la Soledad y de la Trinidad.

Este fue la crónica de una Semana Santa marcada por lo que dictaba el cielo, pasado del paraguas al abanico y del abanico al chaquetón.

Fotografía: @victorm_cv