Tal día como ayer, en la mañana del 4 de Diciembre de 1904, la efigie mariana de la Virgen de los Reyes era coronada, siendo la primera imagen mariana en obtener ese título en Andalucía. Aquel magno acontecimiento se autorizó gracias a la Fábrica de San Pedro el 19 de marzo de 1904, aunque los trámites para que fuera coronada esta venerada imagen fueron iniciados por el Beato Marcelo Spínola a finales del siglo XIX.

Tras la celebración de un solemne Triduo preparatorio en el trascoro de la Santa Iglesia Catedral, tuvo lugar un Pontifical en el que la Virgen de los Reyes fue coronada por el Arzobispo de Toledo y Primado de España, el Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, ante el loor de miles de personas que asistieron. La ceremonia comenzaba con la bendición de las preseas, obras del joyero Pedro Vives y que fueron impuestas en el ecuador del Pontifical. Al término del acto se procedió al baile singular de los seises y a la posterior procesión triunfal por las calles de la ciudad engalanada para el acontecimiento.

Santiago Montoto lo narra así:
"Nunca fue la Catedral más Catedral que en aquellos instantes. Una muchedumbre enfervorizada se apretaba y parecía elevarse, como los místicos con sus visiones, para presenciar tanta dicha. La luz del cielo entraba clara y diáfana por los celados ventanales y la nimbana como un halo sobrenatural la cabeza de la Virgen."
Coronación de la Virgen de los Reyes. Nicolás Alperiz, 191O. Óleo sobre lienzo que se conserva en La Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 

Portaba para la ocasión un nuevo manto, bordado en plata sobre tisú celeste, donado por la condesa viuda de Casa Galindo, saya de raso bordada en sedas de colores y plata, así como el exorno del paso procesional, que prescindió del famoso palio de cajón y sus varales, presentando un exorno floral en tonalidades blancas y dispuestas en forma cónica. Junto a Ella, lucieron dos grandes ramos de azucenas artificiales, que configuraban en el paso de manera anecdótica al no ser esta flor de dicha temporada y abanderando con ello el carácter inmaculista de la celebración, por ser el L Aniversario de la Definición Dogmática de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen.

El estreno más vistoso e importante fue el de las preseas de oro, entregadas por Pedro Vives en la víspera de la Coronación al Cardenal Spínola y al Nuncio Rinaldi, realizadas gracias a donaciones particulares y a doña Gracia Fernández-Palacios de Recur que costeó íntegramente la de la imagen del Niño.

La corona de la Virgen fue realizada con 2,255 gramos de oro de 22 quilates, y un total de 11.960 piedras preciosas repartidas por el canasto y por el imperial que a modo de doble arco, se disponen las letras que dicen “SINE LABE CONCEPTA” y “REGINA REGUM”, todo ello coronado por la paloma del espíritu santo. En el canasto se dispusieron diferentes escudos de armas, mezclados con engarces de grandes gemas y motivos florales como pequeñas rosas y  ramos de azucenas que sobresalen en su perfil.

Como curiosidad, el respeto por las piezas donadas fue tan minucioso, que en el frontal de la presea se encuentra la figura de uno de los ángeles, portando una corona cuyo cuerpo fue adaptado, aprovechando las sinuosas formas de una gran perla que fue donada por el Conde de Urbina. La piedras de menor valor se engarzaron en el interior del canasto

113 años después, la ciudad recuerda este reconocimiento, primero de muchos que acontecieron a lo largo del siglo XX, a la que es su Patrona y Protectora, la Virgen del Rey San Fernando, Nuestra Señora de los Reyes.

Redactor: Jesús Sánchez Gil / @jesusanche98

CXIII Aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de los Reyes


Tal día como ayer, en la mañana del 4 de Diciembre de 1904, la efigie mariana de la Virgen de los Reyes era coronada, siendo la primera imagen mariana en obtener ese título en Andalucía. Aquel magno acontecimiento se autorizó gracias a la Fábrica de San Pedro el 19 de marzo de 1904, aunque los trámites para que fuera coronada esta venerada imagen fueron iniciados por el Beato Marcelo Spínola a finales del siglo XIX.

Tras la celebración de un solemne Triduo preparatorio en el trascoro de la Santa Iglesia Catedral, tuvo lugar un Pontifical en el que la Virgen de los Reyes fue coronada por el Arzobispo de Toledo y Primado de España, el Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, ante el loor de miles de personas que asistieron. La ceremonia comenzaba con la bendición de las preseas, obras del joyero Pedro Vives y que fueron impuestas en el ecuador del Pontifical. Al término del acto se procedió al baile singular de los seises y a la posterior procesión triunfal por las calles de la ciudad engalanada para el acontecimiento.

Santiago Montoto lo narra así:
"Nunca fue la Catedral más Catedral que en aquellos instantes. Una muchedumbre enfervorizada se apretaba y parecía elevarse, como los místicos con sus visiones, para presenciar tanta dicha. La luz del cielo entraba clara y diáfana por los celados ventanales y la nimbana como un halo sobrenatural la cabeza de la Virgen."
Coronación de la Virgen de los Reyes. Nicolás Alperiz, 191O. Óleo sobre lienzo que se conserva en La Real Maestranza de Caballería de Sevilla. 

Portaba para la ocasión un nuevo manto, bordado en plata sobre tisú celeste, donado por la condesa viuda de Casa Galindo, saya de raso bordada en sedas de colores y plata, así como el exorno del paso procesional, que prescindió del famoso palio de cajón y sus varales, presentando un exorno floral en tonalidades blancas y dispuestas en forma cónica. Junto a Ella, lucieron dos grandes ramos de azucenas artificiales, que configuraban en el paso de manera anecdótica al no ser esta flor de dicha temporada y abanderando con ello el carácter inmaculista de la celebración, por ser el L Aniversario de la Definición Dogmática de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen.

El estreno más vistoso e importante fue el de las preseas de oro, entregadas por Pedro Vives en la víspera de la Coronación al Cardenal Spínola y al Nuncio Rinaldi, realizadas gracias a donaciones particulares y a doña Gracia Fernández-Palacios de Recur que costeó íntegramente la de la imagen del Niño.

La corona de la Virgen fue realizada con 2,255 gramos de oro de 22 quilates, y un total de 11.960 piedras preciosas repartidas por el canasto y por el imperial que a modo de doble arco, se disponen las letras que dicen “SINE LABE CONCEPTA” y “REGINA REGUM”, todo ello coronado por la paloma del espíritu santo. En el canasto se dispusieron diferentes escudos de armas, mezclados con engarces de grandes gemas y motivos florales como pequeñas rosas y  ramos de azucenas que sobresalen en su perfil.

Como curiosidad, el respeto por las piezas donadas fue tan minucioso, que en el frontal de la presea se encuentra la figura de uno de los ángeles, portando una corona cuyo cuerpo fue adaptado, aprovechando las sinuosas formas de una gran perla que fue donada por el Conde de Urbina. La piedras de menor valor se engarzaron en el interior del canasto

113 años después, la ciudad recuerda este reconocimiento, primero de muchos que acontecieron a lo largo del siglo XX, a la que es su Patrona y Protectora, la Virgen del Rey San Fernando, Nuestra Señora de los Reyes.

Redactor: Jesús Sánchez Gil / @jesusanche98