Parecía que volvía la primavera a Sevilla y en apenas unas horas se produjo una simbiosis perfecta de contrastes que nos hacia sentir diferentes, a lo que parecía que iba a ser la víspera del Corpus Christi en Sevilla. Ni el mismo Murillo podría haber plasmado en un lienzo esa unión de elementos que supieron elaborar y cuidar en la Iglesia del Santo Ángel.

Había nerviosismo, pues aunque el calor apretaba, teníamos la oportunidad de contemplar algo ni siquiera los que viven actualmente han podido contemplar... Había extraordinaria en Sevilla y eso nos llevaba a pensar en mucha música, aglomeraciones de personas y acumulación de horas en la calle; pero nada fue así.

La Archicofradía del Carmen del Santo Ángel y la Comunidad de Frailes quisieron que tuviese otro carácter y así sorprender a la ciudad con una procesión de rogativas. Presidida por una de las tallas cumbres del imaginero Martínez Montañés, el Cristo de los Desamparados, que cumplía 400 años y llegó a ser titular de la Hermandad de la Lanzada. Fue portado en el paso del Stmo. Cristo de la Salud de San Bernardo, con la cuadrilla del mismo y los Villanueva como capataces. En el exorno floral predominaba un color malva intenso.

Debido a otras procesiones de Gloria que se celebraban y a las altas temperaturas esta procesión, que se convirtió en algo más cultural que devocional, se vió mermada de público con respecto a otras salidas extraordinarias más recientes. Un recorrido por el corazón de la ciudad y un repertorio exquisito de los que no estamos acostumbrados a escuchar normalmente, interpretado por la Oliva de Salteras, hizo que el público caminase junto al paso en una actitud más silenciosa y respetuosa, evocando perfectamente a una tarde-noche de Jueves Santo.

Fotografía: Claudia Barbero Tejera / @ClauBar_Tej