Los corazones de los cofrades ardían como llamas, en plena Semana Santa, todo lo vivido y lo que quedaba por vivir quedaba en nuestra retina pero sobretodo en nuestro corazón. Y llegó como llega el palio del Dulce Nombre por la Gavidia y se escuchaba como nunca, como lo hacen las bambalinas al chocar con sus varales gritando que es un nuevo Martes Santo.

La jornada, como venía siendo la tónica general, comenzaba en cada salida de las Hermandades unos minutos antes del horario establecido, había ganas y muchas. Varios han sido los años frustrados por motivo de la lluvia pero este no iba a serlo. El Cerro, atravesó media Sevilla y ante la Campana se detuvo. Un barrio que se despedía antes de llegar a ella, con pétalos, vivas y la salve a su Virgen de los Dolores. El milagro se produjo un año más en San Esteban, salida y entrada esos costaleros que con su fuerza lograron esquivar la ojiva de este templo. Cuadrilla de costaleros y capateces que están cuajando pero bien en la Hermandad, sobretodo el misterio por su elegante andar.

Y en Omnium Sanctorum, todo se volvió oro y negro, los Javieres en la calle. Pudimos ver por fin, dar los rayos de sol al San Juan que acompañaba a la Virgen de Gracia y Amparo en una bella estampa, en la que consuela, abraza y da la mano a esta delicada Virgen. En Feria y en el Rectorado, también luto, Jesús ha muerto y va acompañado por un monte de flores moradas. Cristo de la perfección, Cristo de los sobresalientes, Cristo de los Estudiantes y tras El su Madre de la Angustia, curiosamente vestida este año se nos mostraba preciosa en ese palio que diseñara Cayetano González.

Luis Montoto, repleta, no cabía ni un alfiler pese a la calor. Más de 30º, pero no impidió que este misterio hiciera las delicias de todos los asistentes. Pilatos a su barrio lo entrega un nuevo Martes Santo, que tanto lo ansiaban para hacer justicia al pasado año. Sangre, crucificado obra maestra de Buiza y Encarnación soberana, con un andar más alegre y fino que nunca. La Banda del Cristo de la Sangre tocó antes de la entrada de la misma, Pasan los Campanilleros, regalo por el aniversario de esta banda que quiso hacer su titular como lo hizo también al Señor de la Presentación a su salida.

El barrio más turístico de Sevilla sacó a su cofradía a la calle, sobriedad, elegancia y compostura con el mejor enclave posible. Santa Cruz, el Cristo a punto de expirar habla con el Padre. Solo quedaban la Candelaria y la Bofetá en la calle, sin duda esfuerzo grande el que hizo la jornada por cumplir horarios. Un día totalmente encorsetado con muchos cruces, demasiados, pero que con la ayuda de todos se pudo solucionar. La Candelaria por los Jardines de Murillo, a izquierda y derecha un peculiar público se daba cita en dicho lugar incluso con gran afluencia de cangrejeros delante de los pasos. Y Bofetá en San Lorenzo, Las Cigarreras con sus sones clásicos y sus nuevas; y armónicas marchas pusieron fin a un Martes Santo en el que la calor fue protagonista, pero que sin duda dejó a los cofrades arder el fuego de sus devociones.